Camping El Helguero Review: contrastes en un bosque de castaños cerca de Comillas.

En un principio íbamos a ir al Camping Comillas. Este tiene dos zonas separadas por la carretera. Una al lado de la playa, más expuesta, y otra, más protegida y con árboles. pero cuando llegamos nos dijeron que a final de temporada solo tenían abierta la zona de la playa. Soplaba bastante viento y nos pareció un poco desolador. Además el camping acaba en un acantilado que nos pareció peligroso para los niños. Había tomado la precaución de escribirles un email para confirmar la apertura de finales de septiembre pero no me advirtieron nada


Así que decidimos ir a nuestra segunda opción: el Camping El Helguero en Ruiloba, a cinco kilómetros de Comillas. La atención fue muy profesional tanto por teléfono como en la recepción.








El 75% del camping está dedicado a caravanas que pasan todo el verano pero tiene dos zonas para acampada. Pero no hay chiringuitos fijos, ni mobil home cutres, sólo caravanas. Como era el último fin de semana de temporada los clientes estaban recogiendo los avances, las neveras, los suelos. Las normas del camping obligan a estacionar las caravanas en los viales durante el invierno, para que la hierba de las parcelas se pueda regenerar. Me pareció todo bastante digno.






El camping es precioso, especialmente las zonas dedicadas a acampada. Es un bosque de castaños en medio de un terreno karstico. Hay alguna parcela que incluso tiene una especie de saloncito en medio de una dolina.









Para familias creo que son más recomendables las zonas denominadas “nogales", “castaños", “sauces" y “hayas". Hay sombra, pero también algo de sol y las parcelas son bastante llanas. Están muy cerca de las piscinas, tienen una zona de baños propia y no ves para nada el "poblado" de caravanas de temporada.

Algunas de las parcelas son demasiado pequeñas. En los “castaños", los “nogales" y los “sauces" hay muchas parcelas divididas a la mitad que apenas llegan a 45 m2, 6 metros de largo por 7 de ancho. Una tienda familiar no cabe. Nosotros estuvimos cómodos porque estaba medio vacío y pudimos utilizar de hecho dos parcelas pero si no hubiera sido una experiencia insatisfactoria. Deberían solucionar esto. La parcela mínima en un camping europeo moderno son 100 m2 de superficie. Las parcelas para una familia sin electricidad cuestan 24 euros al día en temporada baja.





Las zonas de acampada libre que están detrás de la zona "tejos" y alrededor del deposito de agua son espectaculares, están en pleno bosque. pero parecen un poco incómodas con niños pequeños.




Los baños están muy limpios, no son cutres pero necesitan una modernización. Las cabinas de ducha son pequeñas. Les falta esa anteducha con un banquito que hay en algunos campings. El espacio para vaciar los wc químicos es muy incomodo. La manguera es corta. Tienen que construir un sitio con uno de esos sanitarios con rejilla. Tal como lo tienen las posibilidades de acabar con los pies mojados son altas.














Tienen el modelo de bungalow típico de los campings del norte. Qué es bastante feo, pero en este camping los tienen bien pintados y mantenidos. Están mucho mejor colocados que en otros campings, de manera que se respeta la intimidad entre unos y otros. Los más atractivos parecen los situados en la zona de “acebos" porque los que están en “abedules" tienen vistas a un gran parking de caravanas. Tienen también unas cabañitas de madera sin baño. Había dos que estaban pegadas al edificio de servicios, lo que no parece muy atractivo.









Comillas nos decepcionó un poco. El capricho de Gaudí nos pareció hortera, la Universidad Pontificia estaba cerrada por "un evento" -que resultó ser una boda de gente bien- y comimos mal en el Gravalosa. Eso si, pasamos tres horas en su terraza, situada en el Corro Campíos, muy relajados, viendo jugar a los niños.








El último día comimos muy bien en el restaurante del camping. Hay sobre todo hamburguesas, muy ricas, y platos combinados. Nos costó 26 euros. Tienen un pequeño parque para los niños. Aunque lo que más les gustó a mis hijos fueron las maquinas recreativas de los años 90.






Hay una senda peatonal hasta el pueblo de Iglesia, que está a unos 500 m. Tiene buena pinta aunque no los vistamos. También hay un camino que rodea el camping que permite dar un paseo muy agradable por el bosque de una media hora.

El Camping El Helguero, en temporada baja, nos encantó.



Lo que más nos gustó

La belleza del bosque donde está situado.

La limpieza de los baños.

La tranquilidad en temporada baja.

La comida del restaurante.

La atención profesional.

La separación de zonas entre caravanas de temporada y acampada. Las normas que limitan la instalación de elementos permanentes.

Los bungalows situados en la zona “los acebos".




Los que menos nos gustó

Lo pequeñas que son algunas parcelas. No sé si nos atreveremos a volver en una época de más afluencia.

La incomodidad del lugar para vaciar el wc químico.

Los bungalows situados en la zona “los abedules", con vistas al parking de caravanas.