Domaine de l'Eglantiere review. Un paraíso inesperado.

Esta primavera he estado leyendo en el Ipad la revista "Le Monde du Plein Air". Durante una temporada me llamaron la atención las caravanas. Uno de los números tenía dos suplementos. El primero no tenía nada de especial: "campings en Bretaña". El segundo enseguida atrajo mi atención: "Campings naturistas en Francia".
Yo pensaba que eso del naturismo era una cosa medio clandestina, de gente rara, e incluso pasada de moda. Y de repente me encontraba un suplemento de campings naturistas en una revista para caravanistas. Los campings que aparecían tenían todos muy buena pinta.

Investigué un poco por Internet. Vi algunos videos de YouTube, en los que aparecía gente normal, algunos que probaban por primera vez el naturismo. Me enteré que en Francia hay dos millones de turistas naturistas al año.




Uno de los campings quedaba cerca de nuestro destino de vacaciones. No sabíamos que hacer los cuatro primeros días de vacaciones. En agosto, en Francia, es muy difícil reservar en otros períodos que el semanal de sábado a sábado. En el Domaine de l'Eglantiere eran flexibles y no había ese problema.

Mi mujer se dejó convencer al cabo de unos días. Desde el camping nos dijeron que solía haber muchos niños en agosto y que se llegaba a la recepción vestido, y luego ya se desvestía uno en el alojamiento.

Nos encontramos con un paraíso. Un camping de grandes espacios, en el que la naturaleza está presente por todas partes, dónde se oye el rumor del río Gers que lo cruza. Desde el punto de vista del terreno natural, del emplazamiento y del espacio es el mejor camping en el que hemos estado.

No salimos de él en los cuatro días de nuestra estancia. La calma, el far niente, la belleza del sitio y las distintas actividades nos cautivaron. Habíamos pensado visitar el jardín de la Poterie Hilden y el lac de la Gimone.

También está cerca Monléon-Magnoac. A una hora de distancia quedan los pirineos: Saint Lary, Lourdes, el Pic du Midi o Cauterets.

El muchacho de la recepción nos acompañó amablemente a nuestro alojamiento. En el bungalow encontramos una nota de bienvenida personalizada con una botella de vino y una guía turística de la zona. Es de agradecer.

El dominio tiene una extensión de 45 hectáreas de las que están dedicadas a camping unas 7 ha. En ese espacio hay 133 parcelas y bungalows, es decir una media de 500 m2. Las parcelas normales tienen unas dimensiones de 7 por 15 metros aproximadamente, aunque las hay, más caras, de 200 m2. No es necesario ir a las más grandes porque todas están separadas por setos de 2 metros de altura y, en muchas zonas dan a una gran zona común central que las separa. Así la zona de la sablière tiene una gran pradera donde hay algunos juegos infantiles. En la zona de la Ressegue, al otro lado del río, la zona central es para camping salvaje, entre flores de 1 metro de altura.

En función de la parcela escogida el precio para una familia de 4 oscila entre los treinta y los 52 euros.

El camping está dividido en dos zonas. En el margen derecho del Gers está la piscina, la cafetería, los baños y la zona de camping más tradicional. Cruzando un puente está una zona más salvaje pero también más natural e íntima. Hay para todos los gustos.


Nosotros estuvimos en un bungalow. A mi no me gustan los bungalows pero mi mujer quería disponer de baño propio. Me parece que la gracia del camping está en ir de tienda, que el sol te despierte por la mañana y disfrutar todo el día de estar al aire libre.


Estuvimos en uno llamado "chalet landine". De cálida madera por dentro y por fuera. Nos costó algo menos de 100 euros la noche. Estaba limpio. Tenía un salón, dos habitaciones, una de matrimonio y otra para tres niños con litera, baño completo y una terraza de cinco metros cuadrados. Estaba bien equipado en materia de menaje. Quizás el espacio de trabajo de la cocina era un poco pequeño y le faltaba una luz en la zona de la despensa. A mi me pareció que tenía una buena relación calidad/precio. Era un bungalow antiguo pero había sido renovado y todo estaba en buen estado. Los colchones eran nuevos.

Hay otros bungalows más modernos y un poco más grandes que llegan a costar 166 euros la noche.

También se ven unas mobilhome "vintage", que parece que ya no utilizan. Se me ocurre que las podrían sustituir por tiendas de tela y madera con baño.

Hay muy poca circulación de vehículos. Da mucha tranquilidad con los niños. Aunque nos sigue gustando más el sistema de parking a la entrada y prohibición de circulación de Huttopia.

Los baños están muy limpios. Las duchas de los baños "sablière" están renovadas y son amplias. Todos los wc tienen papel higiénico y son espaciosos. Sería ideal que añadieran tapa a los wc y que hubiera jabón de manos.


Hay buenos fregaderos, con agua caliente y fría y una cómoda encimera para apoyar el menaje.

La piscina es magnífica. El agua la calientan a 26 grados. Tiene una pequeña piscina para los niños. Hay tumbonas y sombrillas. Bañarse desnudo es muy agradable.



Las playas fluviales son maravillosas. En una de ellas hay una piscinita marcada con los cantos rodados para los niños. Un día a la semana organizan descenso en canoa por el río desde el camping.
Dos tercios del dominio son un bosque en el que están señalizados caminos por los que se puede pasear desnudo. Para mi resultó una experiencia agradable y energizante.
En esa misma dirección, hay una vieja granja en ruinas donde tienen una pequeña sauna que funciona tres tardes a la semana.


La tienda es pequeña pero tiene buenas verduras. Puedes encargar el pan y los croissants de un día para otro. En el bar son muy amables, aunque son un poco lentos y no están demasiado bien coordinados. No hay nada que tiente a gastar, ni siquiera una maquina de bolas para los niños.

Las plantas y praderas están muy cuidadas. La naturaleza está salvaje donde procede y desbrozada donde es necesario. Han encontrado el concepto de campamento forestal mucho mejor que en el Huttopia Lanmary.

Un día a la semana hacen un aperitivo de bienvenida, una conferencia sobre los atractivos turísticos y la historia de L'Eglantiere y una barbacoa comunal. Al principio estaba vestida la mitad de la gente. Conforme se hizo de noche y refrescó se fueron vistiendo los demás.


Por casualidad nos tocó sentarnos al lado de dos viejecitos que resultaron ser los fundadores del camping. Era una antigua propiedad familiar, invadida por la maleza. Sus amigos del club naturista les propusieron acampar allí y así empezaron. Las parcelas son el resultado de desbrozar las silvas, por eso hay tan buenos setos entre ellas.

Ahora el camping lo lleva uno de sus hijos. Nos dió la impresión que todos los trabajadores eran de la familia. También tienen una explotación agrícola ecológica. Las chuletas de cordero que tomamos en la barbacoa eran de allí y estaban exquisitas. Lo pasamos muy bien en la cena. Acabamos bailando paquito el chocolatero!

La mayor parte de la clientela era holandesa. Habría un tercio de franceses y algún inglés. No encontramos ningún español. La mayoría eran parejas de mediana edad pero también había varias familias con niños. En otra finca cercana celebraban el campamento anual de las "Juventudes Naturistas de Holanda". Así, como suena.

Había mayoría de tiendas sobre caravanas y autocaravanas. Buenas marcas holandesas y alemanas de algodón pero también Quechua, una Vango Edoras y hasta una Karsten hinchable.

La chica del MiniClub fue muy cariñosa con los niños. Habla castellano. Hay actividades infantiles a las 10 y a las 15. Tienen dos pequeños parques infantiles, uno al lado de la cafetería y otro en medio del camping. Son un poco limitados aunque al último le salva unas camas elásticas que encantaron a nuestros hijos.

Al final llegamos a la conclusión de que la desnudez es más flexible de lo que parece. Cuando hace frío o llueve todo el mundo va vestido. Al amanecer y al anochecer también va vestida mucha gente, sobre todo las mujeres. También van vestidos, o llevan unos shorts, algunos niños de entre 10 y 12 años.







Hace unos meses no hubiera imaginado que algún día practicaría el naturismo. Me alegro de haber conocido el paraíso en L'Eglantiere.

Estos días he llegado a la conclusión que el verdadero camping es el que se practica desnudo en la naturaleza. Es, desde luego, más cómodo. He sentido que el naturismo ayuda a alejarnos del materialismo y el consumismo que invade nuestras vidas. La desnudez, al contrario de lo que pudiera parecer, facilita entablar conversación con otras personas. Si me pidieran que definiera el naturismo en L'Eglantiere con una palabra diría: relajante.

Por otro lado, el naturismo no es más que otra diversión de clase media. No se encontrará a gente distinta a usted o a mi. Eso sí, estará desnuda. Pero en unas pocas horas se habrá acostumbrado a ello.